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La zanahoria y sus beneficios. ¡Pinta tu vida de naranja!

La zanahoria es un vegetal con cualidades beneficiosas tanto para la salud como para tratamientos . Se utiliza desde hace muchos años como medicina y también como bálsamo . En este post queremos presentaros algunas de las propiedades más interesantes de este vegetal y los beneficios que aportará a vuestro organismo si os animáis a comer zanahorias con frecuencia.

La zanahoria es muy buena para los pacientes que han sido operados o tienen alguna enfermedad ya que tiene propiedades mineralizantes y vitaminizantes. Es perfecta para mejorar la salud de personas extremadamente cansadas y, además, relaja los nervios y calma la ansiedad. Otra razón por la que la zanahoria es ideal para los enfermos es porque tiene la capacidad de mejorar el apetito. Se ha comprobado incluso que es beneficiosa en tratamientos para la depresión cuando hay una pérdida de las ganas de comer.

La zanahoria es digestiva y diurética. Reduce las posibilidades de padecer estreñimiento ocasional por cambios de estación o de hábitos, como por ejemplo le sucede a mucha gente durante las vacaciones. Ayuda también a tratar los cólicos abdominales y los dolores estomacales. Es también un vegetal diurético y está recomendado para las personas con problemas renales o de vejiga.

Se ha confirmado que cuando las mujeres consumen zanahorias se reducen las irregularidades en el ciclo menstrual. Se aconseja también para aquellas mujeres que sufren cólicos o dolores fuertes justo antes o después de la menstruación. Esto se debe a sus propiedades emenagogas, que mejoran el flujo sanguíneo en la zona pélvica.

Seguramente hayas visto en las tiendas que algunas cremas bronceadoras tienen extracto de zanahorias. Esta hortaliza aporta una buena cantidad de provitamina A, que ayuda a broncear la piel de manera equilibrada y reduce la probabilidad de quemaduras. Una información muy interesante ahora que todavía queda verano ¿Verdad?

En el caso de padecer tos o catarro la zanahoria te puede ayudar, sobre todo si los jarabes o medicamentos no han dado buenos resultados.

Las personas que tienen niveles bajos de hierro pueden consumir zanahorias para mejorar esta situación. También se recomienda para aquellos que llevan una mala alimentación. Se puede ingerir cruda o cocida para aprovechar sus bondades. Además, es buena para las encías y los dientes, ya que personas con problemas nutricionales pueden perder piezas dentales.

¿Padeces estreñimiento? Si tienes este problema no dudes en consumir zanahorias ralladas crudas o bien cocidas y en puré. Gracias al contenido en fibra mejoran la calidad y la cantidad de las heces. A su vez, tienen la capacidad de calmar las molestias gástricas y el exceso de acidez gracias a las sales minerales, sodio, potasio y vitamina B. Su consumo se aconseja también a personas que padecen gastritis.

Esta hortaliza es rica en betacaroteno o provitamina A, por lo que favorece el cabello y las uñasun perfecto reparador de las células dañadas por el paso del tiempo, la contaminación ambiental e incluso los malos hábitos. De esta manera, las zanahorias revitalizan las uñas y el cabello y permiten que crezcan más rápido y con más fuerza. Además, aumentan la producción de sebo protector del cuero cabelludo.

Es muy importante añadir que comer zanahorias reduce los niveles de triglicéridos y ayuda a prevenir la arterosclerosis ya que depura la sangre. Entre otras bondades mejora la leche materna, es por ello que es aconsejable que las mujeres consuman zanahorias cuando se quedan embarazadas. Gracias a la vitamina A pueden mejorar notablemente la calidad biológica de la leche, haciéndola aún más saludable y beneficiosa para el bebé.

¡Muy importante! Se cree que el consumo de zanahorias ayuda a estar alegre. Una buena idea es preparar un zumo riquísimo que además es refrescante. ¡Perfecto para los días calurosos cuando falta poco para la llegada de la vuelta al cole y fin de las vacaciones! Nos ayudará a estar un poco menos tristes…

Y por supuesto, es buena para la vista.  Las investigaciones han señalado que los betacarotenos de este vegetal evitan el envejecimiento prematuro de las células de la vista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Las dietas ricas en carbohidratos y grasas trans promueven la pérdida de nuestros dientes.

 

La dieta juega un papel clave en nuestra salud. Es por ello que los médicos nos recomienden evitar ciertos tipos de dietas, como aquellas ricas en grasas, para prevenir el desarrollo de enfermedades muy graves y potencialmente mortales como las cardiovasculares y la diabetes.

Abusar del azúcar dispara el riesgo de caries y a causa de ello la pérdida de nuestras piezas dentales. Pero, más allá de un alimento o nutriente específico como es el azúcar, ¿la dieta en general también tiene un efecto, positivo o negativo, sobre la salud de nuestro dientes y encías? Pues sí.

Un estudio dirigido por investigadores de EEUU ha demostrado que las dietas ricas en alimentos pro-inflamatorios, caso de los carbohidratos y las grasas trans, aumentan el riesgo de que perdamos los dientes.

Estudios recientes han revelado el papel protector de algunos nutrientes específicos sobre la salud periodontal. Sin embargo, todavía no se ha podido establecer que la dieta en general sea un factor de riesgo modificable para la salud bucodental.

Para llevar a cabo la investigación, los autores analizaron los historiales dentales y los hábitos dietéticos de 6.887 adultos participantes. Dividieron a los participantes en cuatro grupos en función del grado, mayor o menor, de inflamación potencial asociado a su alimentación, para lo cual utilizaron el denominado ‘Índice de Inflamación de la Dieta’ (IID). ¿Qué es este IID? Es un parámetro que indica los niveles sistémicos –esto es, en el conjunto del organismo– de citoquinas proinflamatorias asociados al consumo de unos nutrientes específicos. Así, y cuanto mayor sea la inflamación promovida por los nutrientes contenidos en la dieta, mayor será el índice inflamatorio de ese tipo de alimentación.

Se consideró que los pacientes seguían una dieta pro-inflamatoria si su alimentación era particularmente rica en carbohidratos, grasas trans o conllevaba una elevada ingesta calórica.

Los resultados mostraron que, comparados frente a aquellos en el cuartil más bajo de IID –o lo que es lo mismo, el 25% de los participantes cuya alimentación se asociaba al menor IID–, los adultos en el cuartil más alto habían sufrido de media la pérdida adicional de 0,84 piezas dentales. Una diferencia notable ya que supone prácticamente la pérdida de un diente relacionada directamente con la dieta y que se mantuvo invariable en todos los subgrupos de edad, incluido el de mayores de 50 años.

Es por ello que es importante seguir una dieta rica en alimentos antiinflamatorios, caso de los ácidos grasos omega-3, la fibra y la vitamina D, para prevenir la aparición de enfermedades inflamatorias.

En definitiva, y con objeto de evitar la pérdida de nuestras piezas dentales, debemos prestar una especial atención no solo a nuestra higiene oral, sino también a nuestra alimentación. Y durante toda la vida, dado que la inclusión en la dieta de nutrientes pro-inflamatorios aumenta el riesgo de perder nuestras piezas dentales a cualquier edad.

Los resultados sugieren que los patrones dietéticos son un factor modificable para la pérdida dental en la población adulta y apoyan la prevención de la pérdida de piezas dentales en la agenda de intervenciones dietéticas de salud pública para prevenir las enfermedades inflamatorias crónicas.

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La obesidad infantil.

Según la OMS la obesidad es “una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”, y que afecta a personas de todas las edades y de todos los niveles sociales.

Los expertos calculan que el 80% de los niños y adolescentes obesos continuarán siéndolo cuando lleguen a adultos si no se adoptan las medidas oportunas. En los últimos 40 años, la obesidad infantil se ha duplicado en Estados Unidos, mientras que, en España, más de la mitad de los adultos son obesos o tienen sobrepeso, trastornos que afectan al 28% de los niños españoles, lo que puede disminuir su esperanza de vida.

Hay que distinguir el sobrepeso de la obesidad. Una persona tiene sobrepeso cuando su peso está por encima del aconsejado en relación con la talla (esto se calcula con el IMC o índice de masa corporal). Se considera que existe sobrepeso cuando el IMC se encuentra entre 25 y 29,9, mientras que a partir de un IMC 30 se considera que la persona es obesa.

Diversos estudios han relacionado el sobrepeso durante la infancia con la obesidad al alcanzar la edad adulta. Los profesionales médicos advierten de que hay que prevenir y tratar los problemas de peso desde la niñez para evitar que estos trastornos y las enfermedades asociadas a los mismos disminuyan la calidad de vida de la población y desborden el sistema sanitario (casi el 30% de la población adulta en España padece obesidad).

La obesidad infantil, aunque puede estar originada por una enfermedad genética endocrina, en el 99% de los casos se produce como resultado de la combinación de una serie de factores ambientales (una dieta inadecuada y sedentarismo), genéticos (los niños cuyos padres son obesos tienen un riesgo mayor de padecer el trastorno) y psicológicos (cuando la persona utiliza la comida para compensar problemas emocionales, estrés o aburrimiento).

Factores ambientales: Una dieta hipercalórica en la que haya abuso de alimentos ricos en grasas y azúcares, y que suponga una ingesta energética superior a las necesidades reales durante largos periodos de tiempo, tiene como consecuencia un importante incremento de la grasa corporal. Ver la televisión es un importante factor de riesgo para desarrollar obesidad porque, además de tratarse de una actividad sedentaria que sustituye a otras en las que sí se consume energía, facilita que se siga comiendo, e incluso se imite a personajes con malos hábitos alimentarios. El ordenador y las consolas suman horas al sedentarismo infantil, especialmente a partir de los siete u ocho años, y han sustituido a otras actividades como juegos y deportes al aire libre, que ayudaban a mantener el equilibrio entre el consumo de calorías y el gasto de energía.

Genética: El riesgo de que un niño sea obeso aumenta considerablemente cuando sus padres lo son (tiene cuatro veces más posibilidades de desarrollar obesidad si uno de sus padres es obeso, y ocho veces más si ambos progenitores lo son). Sin embargo, en esta ecuación no solo interviene la herencia genética (facilidad para aumentar de peso, inadecuada distribución de la grasa corporal…), sino el estilo de vida de la familia como la preferencia por determinados alimentos o formas de cocinarlos que incrementen la ingesta de calorías, así como un escaso gasto de energía debido a poca o nula actividad física. El niño normalmente seguirá los mismos hábitos familiares, lo que favorecerá el aumento de peso ya durante la infancia.

Factores psicológicos: En ocasiones, tanto niños como adultos, buscan en la comida una recompensa, una forma de mitigar sus carencias y frustraciones. Pueden comer cuando se sienten tristes o inseguros, para olvidar sus problemas, por estrés o por aburrimiento. Los alimentos elegidos suelen aportar poco valor nutritivo y muchas calorías (dulces y chucherías, aperitivos como patatas fritas industriales y similares…). En estos casos, además, los niños pueden estar imitando las conductas que han observado en sus mayores.

Estos son algunos consejos que los padres deben tener en cuenta si quieren prevenir la obesidad infantil en sus hijos:

Al hacer la compra debemos tener en cuenta que los padres deciden lo que se va a comer en casa. Hay que incluir más fruta y verdura en la cesta de la compra, y menos grasas y productos azucarados. Hay que acostumbrar a los niños, desde pequeños, a tomar frutas o yogures de postre en vez de dulces.

No se debe llenar la casa de bollos, pasteles, chocolate, galletas, caramelos, patatas fritas y similares, refrescos, y todo aquello que aporte pocos nutrientes y muchas calorías y facilite picar entre horas.

No es conveniente prohibir totalmente ciertos alimentos, como los dulces, porque en su justa medida no son perjudiciales y no poder comerlos nunca puede generar ansiedad en los pequeños y rechazo por otros alimentos.

Es importante que desayunen mucho y que sea completo. Y hay que distribuir las comidas a lo largo del día (cuatro o cinco tomas).

En la merienda optar por fruta, lácteos o bocadillos (mejor de atún, sardinas o queso), en vez de dulces industriales.

Se debe limitar el consumo de refrescos azucarados, sobre todo durante las comidas, porque además de engordar, sacian al niño temporalmente y este deja de comer alimentos sanos.

Hay que procurar comer en familia siempre que sea posible para supervisar lo que come el niño (tanto qué como cuánto).

No utilizar nunca los alimentos como recompensa ni como castigo.

Los cambios en el estilo de vida deben ser paulatinos y a largo plazo, no hay que pretender que se produzcan pérdidas de peso significativas en poco tiempo.

Al comer fuera de casa, hay que elegir restaurantes donde se sirvan ensaladas, guisos y comida de tipo mediterráneo, en vez de comida rápida.

Es conveniente hacer ejercicio a diario, aunque solo sea dar un largo paseo. Si los padres tienen un estilo de vida saludable, el niño también.

Desde pequeño, se debe acostumbrar a los niños a que jueguen al aire libre y a permanecer activos. Reducir las horas de televisión, videojuegos, y otras actividades sedentarias.

Hay que animarlos a practicar algún deporte, en grupo o individual. Seguro que hay alguno que le gusta y lo puede realizar como una actividad extraescolar o los fines de semana.

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El aceite de oliva. Un alimento MUY saludable.

El aceite de oliva virgen es un producto muy utilizado en la gastronomía por su suave sabor y por las múltiples propiedades que ofrece para la salud. Es un producto que ha sido investigado durante muchos años y al que se le atribuyen muchos aspectos positivos tanto en cuestiones de salud como de belleza.

Gracias a sus grasas monosaturadas y el ácido olénico, el aceite de oliva ayuda a reducir el riesgo de enfermedades coronarias. Además contiene antioxidantes y nutrientes antiinflamatorios que reducen el colesterol malo, combate los radicales libres y ayuda a prevenir el envejecimiento prematuro.

El aceite de oliva puede ser de gran ayuda para aquellas personas que desean bajar de peso, ya que aporta sensación de saciedad y contiene grasas saludables que pueden estimular la pérdida de peso. Es importante decir que se recomienda consumir con moderación (en este caso) ya que su efecto puede ser laxante.

Por sus contenidos en oleocantal, el aceite contiene una acción antiinflamatoria que puede ayudar a reducir los dolores que se relacionan con las articulaciones y los músculos. Gracias a las grasas saludables monoinsaturadas, el aceite de oliva puede ayudar a retrasar o impedir el deterioro mental, vinculado a enfermedades como el alzheimer.

Según los estudios, las personas que consumen aceite  de oliva más frecuentemente tienen menos incidencia de padecer cáncer. Esto podría estar relacionado con su alto contenido de ácido oleico, que es el ácido graso predominante en este producto. Además contiene antioxidantes, flavonoides, polifenoles y escualeno, sustancias clave para este beneficio.  Se ha revelado además que la dieta mediterránea que contiene aceite de oliva es capaz de reducir los casos de diabetes tipo II hasta un 50%.

Al ser rico en antioxidantes y otros nutrientes esenciales ayudan a fortalecer el sistema inmunológico y ofrece protección contra las enfermedades. Según varios estudios, el aceite de oliva podría también ayudar a reducir la presión arterial. Las grasas monoinsaturadas aumentan los niveles de colesterol bueno y estimulan la eliminación del malo.

¿Cómo nos ayuda el aceite en el sector de la belleza? Siendo uno de los mejores humectantes naturales el aceite de oliva es una excelente alternativa a las cremas hidratantes, que además suaviza y previene los signos de envejecimiento prematuro y manchas solares.

 

 

 

 

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¡Ensaladas para el verano!

Un punto fuerte de la dieta mediterránea son las ensaladas: podemos hacerlas adaptándolas a los gustos de cada uno, contienen mucha agua, muchos nutrientes, no tienen casi calorías, quitan el hambre y son hidratantes.

Son muy buenas para todo el año pero especialmente en veranos son geniales como plato único. Se pueden tomar antes o después del plato principal o como acompañamiento del segundo plato.

Los mejores aliños para acompañar las ensaladas son las que se componen de aceite de oliva, vinagre, limón y sal. Se pueden hacer también vinagretas caseras a las que podemos añadir frutas y hierbas aromáticas. ¡Mucho cuidado con los demás tipos de salsa que engordan y no son tan buenas para la salud!

Siguiendo estos consejos y controlando las cantidades de consumo de las salsas más calóricas estaremos siguiendo una dieta muy beneficiosa para nuestra salud y 100% recomendable para el la época estival.

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La alimentación en verano. ¿Cómo cuidarla?

Llega el verano; calor, terrazas de bar, playa… pero ¡Cuidado! ¿Qué alimentación es la correcta en la época estival? Por más que sea verano, es fundamental no hacer cambios en la estructura de la dieta, por lo que esta tiene que seguir siendo equilibrada.

El punto más importante a tener en cuenta es que debido a las altas temperaturas vamos a tener más posibilidad de deshidratarnos, por lo que deberemos aumentar la cantidad de líquido que beberemos. Además deberemos dar preferencia a los productos frescos como las frutas y las verduras.

A pesar de todo eso, hay que remarcar que los alimentos básicos como los cereales, lácteos, carnes y aceites no deben eliminarse de la dieta ya que aportan componentes primordiales para tener una buena nutrición.

Durante los meses de calor se recomienda evitar las grasas y si es posible elegir quesos y cortes magros de carne. A demás es importante seguir algunas recomendaciones que nos van a ser de gran utilidad:

-En las comidas de campo o playa, evitar huevos, salsas o cremas.

-Tener en cuenta que hay que limitar la exposición a temperatura ambiente de los productos sensibles.

-Es importante observar el olor y el color de los alimentos antes de prepararlos.

-Nos es aconsejable adquirir productos perecederos en venta ambulante.

-Comprobar la fecha de caducidad, la de consumo y las instrucciones de conservación de todos los alimentos.

Es muy importante que todos los alimentos que vamos a consumir no hayan roto la cadena de frío. Si eso sucediera, podría suponer una gastrointeritis, enfermedad que es más peligrosa en niños y ancianos.

Además de seguir una dieta sana y tener cuidado con los alimentos, es muy importante lavarse las manos antes de cocinar y también limpiar con agua potable todo lo que se vaya a comer crudo. Por otra parte se aconseja no utilizar los mismos cuchillos a la hora de cortar los alimentos crudos y cocidos, ya que se podrían trasmitir bacterias mediante estos utensilios.

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10 alimentos que nos ayudarán a fortalecer los dientes de forma natural.

No nos cansaremos de repetirlo: es muy importante cepillarse bien los dientes, usar hilo dental y enjuagues a diario. Pero hoy queremos recomendaros algunos alimentos que nos pueden ayudar a mejorar nuestra salud dental fortaleciendo nuestros dientes naturalmente. ¿Y si los incluimos en nuestra dieta ahora que llega un nuevo año?

Hay alimentos que nos ayudarán a neutralizar los ácidos, que nos proporcionan minerales y son una fuente de vitaminas, son muy buenos para nosotros ya que benefician nuestro esmalte y nos ayudan en la producción de saliva. Os hablamos de ellos a continuación:

Las manzanas: Comer manzanas con regularidad nos ayuda a producir saliva, lo que hará que la placa no se acumule en los dientes. Además nos será muy beneficioso para la salud en general gracias a sus vitaminas y minerales.

Las naranjas: Son una fuente de vitamina C y además contienen calcio. El zumo de naranja natural ayuda a eliminar bacterias dañinas y evita que se forme placa y caries. Lo único que hay que tener en cuenta es que después de ingerirla hay que enjuagar los dientes debido a su acidez.

La leche aporta calcio y fosfatos, además de vitamina D, por lo que será de ayuda para todo nuestro cuerpo, especialmente para los huesos y para los dientes.

Otro alimento que nos será beneficioso es el queso, ya que es un lácteo y con él produciremos mucha saliva. Tiene grandes cantidades de calcio y fosfatos que nos ayudarán a neutralizar los ácidos de la boca y fortalecerá la superficie de los dientes.

El yogur nos ayudará también a cuidar los dientes. Es un producto rico en calcio y proteínas que nos ayudará a tener unos dientes fuertes y sanos.

Los frutos secos contienen vitaminas, estimulan la saliva y tienen también minerales, entre otras muchas sustancias que son beneficiosas para nuestro organismo.

Para eliminar las bacterias bucales nocivas podemos beber té negro o té verde, ya que poseen polifenoles que ayudarán a que el ácido no ataque a los dientes.

Comer chocolate negro mejora el estado de los dientes. El cacao posee taninos, que previenen la erosión de los dientes y reduce la inflamación de las encías. Además elimina la placa y reduce el ácido. Debemos añadir que gracias a los antioxidantes naturales y los fenolicos se combaten las enfermedades que afectan a las células de la boca y se mejora la circulación sanguínea.

El agua es indispensable para la vida y ayuda a los dientes. Ayuda a lavarlos y a arrastrar la placa, protegiendo la dentadura en general.

Y por último hablaremos de la goma de mascar o el chicle sin azúcar. Estos ayudan a la producción de saliva, que elimina los ácidos generados por las bacterias en la boca incluyendo a su vez fósforo y calcio.

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Una buena alimentación es importante.

Es muy necesario alimentarse bien. Los buenos alimentos son esenciales para vivir: los necesitamos para crecer, levantarnos por la mañana y estar sanos.

Entra en el grupo de alimentos todo aquello que comemos y bebemos y es importante para el cuerpo que comamos varias veces al día. Eso nos permitirá un desarrollo físico correcto, que nuestro cuerpo esté sano, mantener la temperatura corporal, sustituir las sustancias gastadas o estropeadas por otras nuevas y seguir realizando actividades.

Es necesario saber que existen tres tipos de alimentos con diferentes características: los de origen vegetal, los de origen animal y los de origen mineral.

Los alimentos de origen vegetal son los que proceden de las plantas, como las verduras, las frutas, los cereales y las legumbres. Los alimentos de origen animal, como su propio nombre indica, proceden de los animales. Aquí en este grupo encontramos el pescado, la carne, la leche y los huevos. El agua y la sal son alimentos de procedencia mineral.

Una dieta equilibrada ha de contener una gran variedad de alimentos para que estemos sanos y fuertes. Hay que tener en cuenta que la dieta ideal cambia dependiendo de la edad, del trabajo que realicemos o de la actividad física que desarrollemos.

Para seguir una buena conducta alimenticia debemos alimentarnos de forma variada y no abusar de las carnes o de los dulces. Por supuesto no debemos olvidar incluir las verduras en nuestra dieta. Será también tomar alimentos frescos y evitar en la medida de lo posible aquellos que son envasados.

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Receta de gominolas sin azúcar. ¡Especial Halloween!

¡Llega una fiesta muy dulce!

Y a nosotros nos parece muy bien que comáis caramelos, pero mejor si son sin azúcar (y por supuesto luego hay que lavarse los dientes). Por eso ¿Qué tal si preparamos gominolas sin azúcar? Son muy saludables y además aptas para personas con diabetes.

El primer paso es poner agua a fuego medio en un cazo pequeño. Cuando esté caliente añadimos las hojas de la gelatina (se compran en cualquier supermercado). Podéis añadir las hojas de gelatina dependiendo de si queréis que las gominolas sean más suaves o más consistentes.

El segundo paso es añadir el zumo de la fruta que elijáis. ¡Cuidado! No se pueden usar jugos de frutas tropicales como kiwi o mango, ya que no cuajan bien con la gelatina.

Opcionalmente, podéis echar un poco de leche (una cucharada más o menos) así quedará más cremoso.

Una vez removido retiramos la cazuela del fuego y si ha quedado espuma la retiramos con un colador.

Servimos la mezcla en moldes para bombones y dejamos que se enfríe en la nevera al menos durante tres horas. Una vez haya pasado el tiempo, desmoldamos y ¡Ya tenemos listas nuestras golosinas!

 

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¿Qué debemos comer en otoño?

Ya se ha ido el verano, hace días que nos despedimos del calor y de pasar tanto tiempo fuera de casa. ¡Hora de cambiar nuestros hábitos alimenticios! Por lo que debemos adaptar nuestra alimentación a esta nueva estación del año teniendo en cuenta que va a ser una época difícil para nuestro organismo; la bajada de temperaturas, la vuelta a a rutina y el estrés postvacacional serán factores a tener en cuenta en nuestra dieta para evitar una bajada de defensas y caer enfermos.

Para conseguir un buen estado físico y mental en otoño se recomiendan los siguientes consejos. En primer lugar, debemos añadir a nuestras comidas alimentos de temporada. Además de otra clase de alimentos, ahora es época de gran variedad de frutas y verduras.

Existen ciertos alimentos que favorecerán nuestro sistema inmunológico como los ricos en vitamina C o las frutas con grandes cantidades de agua. Las frutas van a ser sin duda nuestras aliadas, sobretodo las de temporada, como las manzanas o las granadas, que aportan además muchas vitaminas.

Las verduras son tan importantes como las frutas y es muy importante consumir las que son típicas de estos meses. El otoño nos ofrece acelgas, alcachofas, berenjenas, borrajas o coles. Tienen mucha vitamina C, hierro y antioxidantes que ayudan a fortalecer el sistema inmune.

Una buena parte de las proteínas y nutrientes necesarios nos los aportarán los pescados y las carnes. Un buen ejemplo de ello serían las pechugas de pavo. A todo ello hay que añadir a la dieta cereales, aceites o algas para completarla.

Se recomienda también beber mucha alga y tomar infusiones. Hay que estar siempre bien hidratado, independientemente de la época del año que sea. Un buen té, una infusión o un complemento vitamínico que refuerce nuestro sistema son recomendables. Por ejemplo, la tila, el jengibre, la manzanilla y el anís son perfectos para tomar después de comer.

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