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OHAGURO

Ohaguro: La belleza de ennegrecer los dientes.

Ohaguro es el nombre de la costumbre japonesa de ennegrecer los dientes con una solución de hierro y vinagre. Era una tradición que practicaban sobretodo las mujeres casadas y algunos hombres miembros de la aristocracia y samuráis en los periodos Heian y Edo. Teñirse los dientes era también una práctica conocida y extendida también por el sudeste de China y el sudeste  asiático, aunque se llevaba a cabo con recetas diferentes.

Esta práctica, se consideraba además de una mejora estética, beneficiosa para la salud, ya que prevenía el deterioro de los dientes al actuar como un antiguo sellador dental.

El ingrediente principal utilizado para llevar a cabo dicha práctica era una solución marrón oscuro de acetato de hierro que se creaba al disolver limaduras de hierro en vinagre. La solución se combinaba con diversos taninos vegetales que se vuelven negras y dejan de ser solubles al agua, el mismo método con el que se produce la tinta ferrogálica.

Cubrir los dientes con este líquido prevenía el deterioro de los dientes y del esmalte. Se decía también que calmaba el dolor de las afecciones dentales de forma inmediata.

El tinte se desvanecía rápidamente y se aplicaba una vez al día o cada pocos días para mantener uniforme su tono oscuro. En cada ocasión en las que se llevaba a cabo el procedimiento, antes de aplicar la mezcla, se frotaban los dientes cuidadosamente con una cáscara de granada que formaba una superficie adhesiva para el tinte.

Para el tratamiento, conservación y aplicación del tinte, se utilizaban diversos recipientes y herramientas: El mimidarai, un cuenco amplio con asas que se colocaba sobre una fina bandeja llamada matashigane, en la que se colocaban los elementos  del tinte, y los demás componentes se guardaban dentro de un estuche llamado haguro-bako. 

 

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El ratoncito Pérez.

El Ratoncito Pérez es un personaje de leyenda muy popular entre los niños de España e Hispanoamérica. La tradición sigue el mismo ritual que en el caso del «Hada de los dientes» de los países del norte: cuando a un niño se le cae un diente de leche, lo coloca debajo de la almohada y, mientras duerme, estos personajes mágicos, duendes, hadas o ratones se lo cambiarán por un pequeño regalo, chucherías o dinero.

Se le reconoce como «Ratoncito Pérez» en los países hispanos, con la excepción de algunas regiones  donde se le llama «el Ratón de los dientes»; en cambio, en otras es simplemente «El Ratón Pérez». Algunas versiones del Ratoncito Pérez le han añadido como nombre de pila: Odón.

En Francia se le llama «Ratoncito» (la petite souris), en Italia se le conoce como «Topolino», «Topino» (Ratoncito) o «Fatina» (Hadita) y en los países germanos, el «Hada de los dientes» (Tooth Fairy). En España se llama Ratoncito Perez y en otras partes de España, como en Catalunya es «l’Angelet» (el Angelito), en el País Vasco es «Maritxu teilatukoa» (Mari la del tejado) y en Cantabria es «L´Esquilu de los dientis» (La Ardilla de los dientes). En algunos lugares es tradición tirar los dientes de los niños a los tejados de las casas.

El origen más probable del ratoncito y su enlace con un hada proviene de un cuento francés del siglo XVIII de la baronesa de Aulnoy: La Bonne Petite Souris (El Buen Ratoncito).  La historia es sobre un hada que se transforma en un ratón para ayudar a derrotar a un malvado rey y se oculta bajo la almohada del mismo, tras lo cual se le caen todos los dientes.

En España,  su introducción se le ha atribuido a Luis Coloma, cuando hacia 1894 pidieron al jesuita que escribiera un cuento para el futuro rey Alfonso XIII, que entonces tenía 8 años, y al que se le cayó un diente.

En algunos países asiáticos, cuando un niño pierde un diente, es costumbre que lo lance al techo si viniera de la mandíbula inferior, o en el espacio debajo del piso si viniera de la mandíbula superior. Mientras se hace esto, el niño expresa un deseo de que el diente se sustituya por el diente de un ratón. Esta tradición se basa en el hecho de que los dientes de los ratones crecen durante toda su vida, una característica que comparten todos los roedores. En Japón, una variación indica que los dientes superiores se lancen directamente hacia abajo a la tierra y los dientes inferiores hacia arriba al aire, la idea es que los dientes entrantes crezcan derechos.

En países del cercano oriente, existe una tradición de lanzar un diente de leche al cielo hacia el Sol o hacia Allah. Esta tradición puede tener su origen en el pre Islám y se remonta al menos al siglo XIII. También se menciona por Izz bin Hibat Allah Al Hadid en el siglo XIII.

El ayuntamiento de Madrid rescató la memoria del Ratoncito -el primer personaje ficticio al que el Ayuntamiento homenajea con una placa del Plan Memoria de Madrid- instalando una placa en la Calle Arenal, número 8, domicilio donde el jesuíta Luis Coloma situó la vivienda del roedor, en la entonces se ubicaba la popular confitería Prast. En la placa puede leerse: «Aquí vivía, dentro de una caja de galletas en la confitería Prast el Ratón Pérez, según el cuento que el padre Coloma escribió para el niño rey Alfonso XII.

 

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